¿Volvamos al trueque?

 

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Las nuevas plataformas tecnológicas de comunicación que promueven la economía colaborativa, tienen a medio mundo de cabeza y no es para menos. Los ataques contra estos innovadores modelos de negocio son constantes y el proteccionismo al que muchos aspiran es sin duda una mala señal.

El mundo de los negocios está cambiando. Una nueva generación se asoma con firmeza y comienza a instalar una nuevo paradigma, una nueva visión de la economía de servicios apalancada en un modelo donde es mejor compartir que tener.

Es conocido que plataformas de movilidad colaborativa como Uber o Cabify han sido declaradas ilegales en algunos países y en otros sufren constantes ataques por la única razón de ser eficientes, útiles para la gente, ofrecer una buena relación precio-valor, ser seguras y confiables.

La semana pasada la plataforma Airbnb, que se dedica a hospedaje colaborativo, estuvo en el ojo del huracán por un debate con el gobierno de Miami sobre su legalidad, una coyuntura que culminó en un acuerdo  para que los visitantes que renten viviendas a corto plazo en el sur de Florida paguen un impuesto al turismo.

De esto se trata, de establecer regulaciones y reglas claras de juego para que estas nuevas tecnologías se desarrollen en beneficio de los clientes, empresas e inversionistas.

Negar el valor y la importancia de estas nuevas tecnologías colaborativas es equivalente a que FEDEX, DHL y el sindicato de carteros se opusieran al FAX o al email cuando éstos surgieron como tecnologías para agilizar la comunicación interpersonal. Es como si la radio se hubiera opuesto al nacimiento de la televisión o los medios audiovisuales a Youtube. Atacar el desarrollo tecnológico también es equivalente a que las grandes agencias de transporte y logística del mundo como Maersk, se enfrenten a la impresión 3D y la declaren como una tecnología ilegal.

Ciertos sectores han sido cuestionados por retrasar la introducción de nuevas tecnologías para proteger sus intereses. Por ejemplo, algunos expertos estiman que la velocidad en el desarrollo de nuevas energías sostenibles ha sido obstaculizado por las grandes corporaciones petroleras desde hace muchos años. A esta altura de nuestra civilización, el uso de combustible fósil debería ser ilegal, pues todos sabemos el impacto que estos han tenido en nuestro planeta. Voces reconocidas apelan a que las fuentes de generación sostenible no son escalables para atender los requerimientos energéticos actuales, otros aseguran que ya estamos listos para dar el salto.

Lo cierto es que estas innovaciones son buenas para el planeta y son buenas para la gente, hay que lograr que sean buenas para los inversionistas y para los empresarios que hoy se sienten amenazados, pero que pueden obtener de ellas grandes beneficios, si descubren y se apropian del potencial que ofrecen para su negocio.

El mundo avanza y la creatividad y capacidad de innovación del ser humano es incuantificable. Kodak y Blockbuster son un buen indicador de lo que le puede pasar a las grandes corporaciones y cualquier empresa, si dan la espalda a la innovación y en vez de asimilar las nuevas tecnologías, las combaten y las niegan.

Volver al trueque no es una opción, el Bitcoin también está aquí y la banca puede ser el próximo sector en sentir el impacto de la innovación.

Es tiempo de desempolvar a Darwin para recordar que no es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que mejor se adapta a los cambios. Esto es igual para los negocios.

 

 

 

 

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