La narrativa política de las marcas

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Parece que los tiempos cambian y lo que antes era prohibido para las marcas hoy parece tomar otro aire.

En el pasado reciente las marcas se mantenían distantes de los temas políticos y todo aquello que podría generar controversia; pero en la actualidad, la vinculación de las marcas a problemas sociales, ambientales y el debate político cobra una nueva dimensión.

La lógica es que las marcas buscan ser cada vez más cercanas a la gente y la gente quiere que cada vez más las marcas se involucren con los problemas reales de nuestra sociedad, en vez de tanta publicidad aspiracional y hueca. Este es un nuevo desafío que implica riesgos y beneficios.

Con la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, la voz de muchas marcas se ha hecho sentir, muy particularmente en materia migratoria. En México, marcas de reconocida trayectoria han sumado el nacionalismo mexicano a su estrategia de marketing digital. Con el hashtag #SomosMéxico, las compañías inundaron las redes sociales para mostrar su postura ante la propuesta de construir un muro entre México y Estados Unidos.

En este contexto, la marca de cerveza Corona le respondió al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con una serie de anuncios publicitarios que defienden la unión de América y animan a derribar muros.

También el director de Facebook, Mark Zuckerberg, ha expresado su opinión en contra de las primeras políticas migratorias, al expresar que “Estados Unidos es una nación de inmigrantes y deberíamos estar orgullosos de eso”. En la misma dirección declaró el CEO de Nike Mark Parker, quien estableció la postura de la empresa en relación a la situación del cuatro veces medallista olímpico, Mo Farah, quien es de Somalia, país al que Donald Trump prohibió la entrada.

Mediante una carta, compartida en la cuenta de Instagram del atleta, Nike asegura que creen en el poder de la diversidad y destaca que no apoyan la política de Trump. Más que nunca, dijo Parker, elevemos nuestros valores y permanezcamos abiertos e inclusivos, ya sea como marca o como compañía.

Empresas como Apple y Netflix también han levantado su voz. Tanto el Director Ejecutivo de Apple Tim Cook como Reed Hastings de Netflix, consideran que es hora de unirnos para proteger los valores estadounidenses de libertad y de oportunidades. Cook explicó en un documento que la multinacional “no existiría sin inmigración”. Incluso el cofundador de Apple, Steve Jobs, era hijo de un inmigrante sirio.

Otra marca ícono que ha asumido un rol importante en materia política y social es Starbucks. Su CEO, Howard Schultz, anunció que la compañía planea contratar 10 mil refugiados en todo el mundo en cinco años. Lo hizo tras el veto migratorio que impuso Donald Trump a refugiados y ciudadanos de países de mayoría musulmana.

En otra dirección se pronunció New Balance, que dio su apoyo explícito a Trump tras conocerse los resultados de las elecciones, al publicar en su cuenta de Twitter que “con el presidente electo las cosas avanzarán en la dirección correcta”. Las reacciones de algunos usuarios de New Balance y contrarios a Trump no se han hecho esperar y han subido vídeos, a través de Twitter, en los que sus zapatillas acaban en la basura, quemadas o lanzadas por la ventana.

Los tiempos han cambiado y las marcas también están cambiando su narrativa y su relación con el entorno. Llegó la generación de la realidad, los millennials y centennials, que exigen mucho más que ilusiones, algo que las marcas ya están comprendiendo.

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