La civilización del espectáculo

espec-fotoA esta altura del camino sé que es reiterativo hablar de Donald Trump, por ello voy a tratar de no hablar de él, aunque siempre logra que lo hagamos y por eso ganó, por su capacidad para estar de forma recurrente en las primeras planas y en la boca de todos, haciendo gala de su talento de estrella mediática y de la política un grotesco reality show. Su inteligencia para comprender la simplicidad y frivolidad de los tiempos actuales es evidente, pero este tipo de liderazgo (afirmación basada en su discurso de campaña) es la mayor amenaza para construir una mejor sociedad.

Sin embargo, vale más la pena hablar del honorable Mario Vargas Llosa y su libro La Civilización del Espectáculo, para comprender en la clase de problema en la que está nuestra sociedad.

Vargas Llosa nos ofrece un contexto abrumador de la civilización del espectáculo de la que hoy formamos parte, un mundo en el cual el entretenimiento y la imagen frívola tiene la primacía, en el que se banaliza la cultura y en el que el periodismo ha perdido su foco y difunde antes que información objetiva, contenido amarillista y manipulador sin consideración alguna. CNN y Fox pueden verse en ese espejo, con excepción de algunos de sus analistas que merecen mención aparte, por su capacidad de abordar de forma seria los temas, sin agendas ocultas.

También expone entre los ensayos de su libro los rasgos característicos de la cultura actual y cita a Gilles Lipovetsky y Jean Serroy , autores del libro La cultura-mundo. Respuesta a una sociedad desorientada, en el cual plantean que la cultura contemporánea que nos rodea en la ciudad y nos visita en tv, internet y cine, que buscamos en museos, teatros y auditorios; es una mezcla de pop, industria cultural, publicidad, cultura visual, marketing, entretenimiento, arte contemporáneo y pantallas.

Lo que busca esta cultura es divertir, hacer posible la evasión fácil, nace con el predominio de la imagen, a través de la pantalla. Es un proceso que se ha acelerado con la democratización de los medios y las redes sociales y que también fue abordado por el célebre experto en comunicación Umberto Eco, quien sentenció que vivimos en una era donde prevalece el ver sobre el entender.

El problema real no es el nuevo Presidente de los Estados Unidos, es que la sociedad haya comprado su mensaje y esté apostando a una serie de antivalores que en el siglo 21 deberían haber sido superados. Los Estadounidenses también premiaron con su voto a un circo político que ofrece acróbatas, contorsionistas, equilibristas y escapistas, como la mejor referencia para tomar decisiones que afectarán de forma irremediable sus propias vidas.

Este el espíritu de nuestro tiempo que parece condenarnos a lo insustancial de la política y es nuestro legado para las próximas generaciones.

La campaña de Trump es alabada por muchos como una brillante estrategia para hablarle a las masas y a una sociedad desorientada y sin referentes intelectuales más allá de Madonna y Ronald Mc Donalds. En fin, claro que logró su objetivo y probablemente hará una buena presidencia, pero el mensaje que nos queda es que el fin justifica los medios, que ciertamente vivimos en la civilización del espectáculo y que el contenido y las propuestas sustanciales pasan a un segundo plano.

Parece, que en los tiempos por venir, tendremos más imitaciones de Trump (devaluadas por supuesto) haciendo del espectáculo banal la ruta para llegar al poder, algo que tiene terreno muy fértil en nuestra ya golpeada Latinoamérica.

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