Hillary o Trump: la batalla de las percepciones

 

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A propósito del debate del pasado lunes entre Donald Trump y Hillary Clinton, vale la pena repasar algunos elementos propios de los procesos de comunicación estratégica, las realidades de nuestra era y las percepciones públicas.

Giovanni Sartori, uno de los mayores referentes mundiales en comunicación y política mantiene una tesis con la cual estoy de acuerdo. En su libro titulado Homo Videns: la sociedad teledirigida, plantea que la televisión y la imagen modifican y empobrecen el aparato cognoscitivo del “homo sapiens”, a tal punto que anula su pensamiento y lo hace incapaz de articular ideas claras y diferentes, hasta llegar a fabricar lo que él denomina un “proletariado intelectual”. En esencia, en la televisión el hecho de ver prevalece sobre el entender y aquí reside el poder político de la televisión y el poder de Donald Trump.

Esta es la razón por la cual el análisis del debate por la presidencia de los Estados Unidos es tan apasionante. Trump tiene una habilidad innata para gerenciar las percepciones a su favor, gracias a su gran capacidad para imponer su imagen ante los televidentes. Su comunicación no verbal es poderosa.

Hillary, por su parte, aparentemente menos astuta en la materia, ofrece una imagen más sosegada y menos imponente, pero con un mensaje más consistente y una evidente mejor preparación para un debate de altura, algo que logró transmitir eficientemente el pasado lunes.

Si hacemos el análisis desde la perspectiva de Sartori, pareciera que Trump tiene todas las de ganar en un debate transmitido por televisión, no importa qué tan hueco es su discurso, la imagen se impone sobre el contenido.

En el debate del pasado lunes, Hillary actuó con la brillantez de una estratega que está clara del terreno de batalla. Al menos esa fue mi impresión.

A pesar de que Trump pareció tomar el control al principio del debate, la señora Clinton no cayó en la trampa de confrontar en el terreno del magnate, sino más bien se mantuvo en su territorio y progresivamente fue ganando espacio en la batalla de las percepciones, apalancando su imagen con base en un contenido mejor estructurado y una aguda estrategia para mover al adversario de su círculo de confort. Por ejemplo, dejó a Trump expuesto cuando dijo: “él cree que el cambio climático es un invento de China” o  cuando afirmó que “un hombre que deja que un Tweet le provoque ira no debería tener sus dedos cerca de los códigos nucleares”.

Para algunos esta es la razón por la cual el debate fue aburrido, porque la estrategia de Hillary mantuvo a Trump al margen de sus miserias, que lamentablemente son las que venden. En el aburrimiento gana Hillary, porque mata el estilo de show business de Donald y su demagogia basada en el hábil manejo de las emociones e ideologías radicales.

Juan Carlos García, Presidente de la Comisión de Actualización Ejecutiva de la Asociación Panameña de Ejecutivos y experto en comunicación no verbal observó en Hillary lo que él llama “la ira reprimida”; es decir, se aguantó las ganas de ponerse los guantes de boxeo y salir al ring; en tanto que Trump hacía evidente su expresión de desprecio al oponente.

Estimo que Trump gana la batalla de la imagen pero Hillary la del contenido, lamentablemente en tiempos del Homo Videns, Trump parece tener la ventaja. Espero que cada persona que ejerza su voto no caiga en la trampa de la imagen y estudie con detenimiento las propuestas y antecedentes de cada candidato más allá de lo que ve en televisión.

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