Un planeta en terapia intensiva

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Esta semana tuve la oportunidad de participar en Marketing Trends en Costa Rica, un foro para debatir las tendencias de las marcas y los retos de las empresas en los tiempos por venir.

Un módulo de mi presentación tuvo que ver con las marcas y su relación con el entorno. Para ello, hice referencia al célebre astrofísico Stephen Hawking, quien plantea que nuestro planeta es un mundo viejo, amenazado por el creciente número de habitantes y la limitación de sus recursos. Debemos anticiparnos a esas amenazas y tener un plan B.

Ese plan B, según Hawking, consiste en mirar hacia las estrellas. El futuro a largo plazo de la raza humana debe ser el espacio. Representa un importante seguro de vida para nuestra supervivencia futura, ya que podría evitar la desaparición de la humanidad mediante la colonización de otros planetas.

Esta reflexión no es menor, mucho más viniendo de uno de los cerebros más brillantes de nuestra era.

Sumado a esto tenemos que seguir de cerca la experimentación que lleva adelante la Fundación Matusalén. José Luis Cordeiro, apreciado amigo y profesor de Singularity University en Silicon Valley, plantea que en tres a cuatro décadas podremos prevenir todas las enfermedades, incluyendo el envejecimiento, que hoy está comenzando a ser considerado como una enfermedad, pero una enfermedad curable.

Para el año 2050 el envejecimiento será controlado y veremos la “muerte de la muerte” tal como lo plantea José Luis. Esto va a cambiar la visión de la vida, de las religiones, de la política. En esta labor está la Fundación Matusalén y sus experimentos con ratones van en la dirección esperada.

Imagínese Usted apreciado lector, vivimos en un planeta cada vez más deteriorado y nuestra raza apenas vive unos 80 años en promedio, si extendemos nuestra expectativa de vida probablemente en poco tiempo quedará poco de lo que es hoy, por ejemplo, el Amazonas.

Pero así están las cosas y la pregunta es ¿cómo llegamos acá? La explicación no es fácil pero una de las teorías que más me llaman la atención es la del Profesor de la Universidad de Jerusalén, Yuval Noah Harari, autor del libro “De animales de dioses”.

Este agudo investigador sostiene que el Homo Sapiens dio un salto espectacular de la zona media a la cima de la cadena alimenticia y esto tuvo consecuencias enormes.

Otros animales de la cumbre de la pirámide, como leones o tiburones, evolucionaron hasta alcanzar tal posición de manera muy gradual, a lo largo de millones de años. Esto permitió que el ecosistema desarrollara frenos y equilibrios que impedían que los leones y tiburones ocasionaran excesivos destrozos. A medida que los leones se hacían más mortíferos, las gacelas evolucionaron para correr más rápido, las hienas para cooperar mejor y los rinocerontes para tener más mal genio. En cambio, la humanidad alcanzó tan rápidamente la cima que el ecosistema no tuvo tiempo de adecuarse.

Al parecer, la rápida evolución de nuestra especie nos convirtió en una plaga para el planeta, que nos ve avanzar cada vez más rápido sin poder procesar nuestra presencia.

Qué tienen que ver las marcas con todo esto. No estoy seguro, pero lo cierto es que las empresas tienen que comprender que la sostenibilidad no es un tema sólo de negocio, sino de la supervivencia de nuestra civilización.

 

 

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