El mayor de todos los riesgos

caracas

 

Como todos los años, en el marco del World Economic Forum (WEF), se presenta el informe de riesgos globales, a través del cual se identifican los principales riesgos a los cuales están expuestas las empresas y la sociedad, agrupados en cinco categorías: económica, medioambiental, geopolítica, social y tecnológica y se miden tanto en términos de sus probabilidades de concreción, como en su impacto potencial.

Este año el riesgo que es considerado como el más crítico según los políticos, académicos y empresarios es la brecha entre ricos y pobres. Aunque esta es una realidad presente en Latinoamérica desde hace muchas décadas, no es menos cierto que las condiciones actuales definen un contexto altamente volátil en algunos de nuestros países.

El semanario británico The Economist, se adelantó la semana pasada a esta conclusión del WEF y definió la conflictividad política y social como la mayor amenaza del 2014. Entre los países que consideró como de alto riesgo en la región están: Brasil, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Panamá y Perú.

Este tema merece especial atención. Según el índice Gini Panamá es el octavo país con mayor desigualdad en el continente y está entre los 20 países con mayor desigualdad en el mundo.

Para las Naciones Unidas, Latinoamérica continúa siendo la región más desigual de todo el mundo, a pesar de los avances en los Objetivos de Desarrollo del Milenio vinculados con pobreza, educación, medio ambiente, salud e igualdad de género, que serán evaluadas en 2015.

Pero de vuelta al informe del WEF, la brecha crónica entre los ingresos de los ciudadanos más ricos y los más pobres es el riesgo que más probabilidades tiene de causar graves perjuicios a escala mundial en la próxima década.

José Antonio Gil Yépez, un reconocido analista político latinoamericano y socio de la empresa de estudios de mercado Datanálisis, frecuentemente reflexiona sobre este tema y sostiene que las élites de algunos de nuestros países mantienen una disputa constante por el poder y el control económico, pensando que el enemigo está entre ellos, sin darse cuenta de que el verdadero enemigo está en la pobreza y en la inequidad social, que tarde o temprano hace inviable cualquier sistema.

El WEF, que se reunió esta semana en el enclave suizo de Davos, precisa que las diferencias de ingresos, también dentro de los propios países, aumentan el riesgo de inestabilidad social y de conflicto. Además, esa disparidad conlleva la amenaza de crisis de alimentos y pandemias de salud, que en última instancia amenazan el desarrollo y la economía.

Este factor de conflictividad se incrementa debido a otras variables, una de ellas es la “La generación perdida”. El foro advierte que existe una generación perdida de jóvenes en la década del 2010 que carecen de empleo y, en algunos casos, de las capacidades adecuadas para trabajar, lo que alimenta la frustración acumulada.

Para Jennifer Blanke, economista jefa del WEF, esto fácilmente podría escalar y dar inicio a agitaciones sociales en algunos países. La insatisfacción social puede llevar a la disolución del tejido social, especialmente si los jóvenes sienten que no tienen futuro.

La próxima semana profundizaré en algunos de los 30 riesgos globales adicionales, que más de 700 expertos mundiales identificaron para el 2014 y los tiempos por venir.

 

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