Cultura corporativa para la competitividad

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En nuestros días muchas instituciones se enfrentan a elementos de cambio y es notable el número de casos en los cuales las organizaciones están reaccionando de forma inadecuada a las demandas, exigencias o expectativas impuestas por el entorno.

Parte de este problema reside en la cultura corporativa, un intangible poco gestionado formalmente, pero clave para la competitividad.  Cultura corporativa es una expresión que ha permitido describir formas y modelos de comportamiento que identifican a una empresa y definen la forma particular de desarrollar sus procesos.

Daniel Scheinsohn, un reconocido investigador en temas de organización aportó un concepto bastante claro. La cultura corporativa es el conjunto de formas tradicionales con las que la gente de una empresa piensa y actúa. La cultura corporativa es un patrón de comportamiento que genera modalidades de creencia, pensamiento y acción, y actúa como un mecanismo de regulación de la dinámica organizacional.

La cultura se manifiesta explícitamente a través de una serie de comportamientos que tienen gran influencia sobre las actividades que se desarrollan en la organización. Siendo la cultura, una proyección del inconsciente colectivo llega a evolucionar a valores corporativos que modelan una ideología organizacional, en la que se otorgan significados a los procesos, da coherencia a la forma como las organizaciones se relaciona con su entorno y modela las relaciones con sus grupos de interés.

Dos profesores de la Universidad de Harvard, John Kotter y James Heskett, realizaron un estudio sobre la relación entre cultura y creación de valor para las empresas y concluyeron que las compañías que se enfocan en la cultura corporativa logran: Incrementar ganancias 4 veces más rápido, tasas de creación de puestos de trabajo crece 7 veces más, la cotización de las acciones crece 12 veces más rápido y la satisfacción del cliente  se duplica.

Por su parte, Raj Sisodia, David Wolfe y Jag Sheth, autores del libro Firms of Endearment, explican de qué forma las empresas exitosas practican cuatro principios. Están impulsadas por un propósito superior que trasciende la maximización de los beneficios y contemplan la manera de hacer del mundo un lugar mejor para todos. Consideran de manera explícita la forma de crear valor para todas las partes interesadas: sociedad, socios, inversores, clientes, empleados y el medio ambiente. Son dirigidas por líderes conscientes, impulsados principalmente por una actitud de servicio y que operan alineados a sus valores trascendentales. Crean una cultura consciente en donde florecen la confianza, la autenticidad, la transparencia, la integridad, el aprendizaje y la solidaridad.

En el libro, los autores establecen la conexión entre las compañías motivadas por un propósito y sus resultados financieros. Aquellas que se enfocaron en crear una próspera cultura corporativa tuvieron ganancias de 1025% en un período de diez años, comparado con sólo 122% de 500 firmas S&P.

Las empresas participan en un entorno competitivo, cada vez más exigente. Las empresas que desean tener éxito tienen que trabajar en el desarrollo de  un recurso humano comprometido con la organización, que crea en su trabajo, en lo que hace y para quien lo hace. Necesita valores que lo identifiquen con la cultura de la organización, y eso requiere mucha comunicación y una acertada estrategia de largo plazo. Las empresas que dispongan de una cultura corporativa consistente serán aquellas que tendrán mayores ventajas competitivas  en los tiempos por venir.

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