Los bravos de Boston

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Uno de los aspectos fundamentales que tienen que promover las organizaciones para lograr sus objetivos, es el desarrollo de un espíritu de cuerpo, una sólida identidad que defina su carácter como un ente colectivo y su vinculación con el plan de vida de cada individuo.

Estamos en tiempos de Serie Mundial, un momento decisivo en el mejor beisbol del mundo. Después de 162 juegos y más de seis meses de travesía no necesariamente gana el mejor, sino el que cuenta con una química perfecta para asumir el reto final.

Este parece ser el caso de los Medias Rojas de Boston, un equipo cuyo motor no es sólo el gran talento de sus miembros, sino también la pasión, el compromiso, la milla extra de cada jugador, las frondosas barbas en cada pelotero que constituyen un símbolo de hermandad y unión. Estas barbas guardan un lema: “estamos juntos de pie”. La historia cuenta que este fenómeno llamado “B Strong” surgió después del ataque al maratón de Boston y; desde entonces, el compromiso de cada jugador por llevarle alegría a su ciudad está tatuado en su corazón y en el jardín central del Fenway Park.  Cada celebración en el campo de juego es una reiteración de su razón de ser y de fortaleza, para mantener vivos los valores que los unen y avanzar siempre en la dirección correcta.

Siempre he creído que las cosas no son lo que son sino lo que significan. La temporada pasada Boston era un equipo perdedor, sin un tejido que uniera a sus jugadores, sin metas ni entusiasmo, roto en sus costuras y en sus ideales. Seguramente tenían casi las mismas herramientas con las cuales cuentan hoy pero les faltaba algo.

El catalizador no sólo fue un cambio de manager o jugadores, fue sin duda su capacidad para encontrar un significado al momento histórico que les tocaba vivir, una reingeniería del pensamiento para reinventarse y conectarse con sus retos, la creación de una tribu que aspira lo mismo y en la cual uno es responsable del otro, donde no hay triunfos personales porque priva el interés colectivo.

El aroma de una gran familia se respira en Fenway Park, sus clientes-fanáticos han sellado un pacto de sangre hasta la muerte y una vez más queda demostrado que hay aspectos intangibles que constituyen una gran ventaja competitiva.

Esta pasión moviliza millones de dólares en camisas, gorras, entradas, derechos de transmisión y estadios llenos de admiradores vestidos con medias rojas.

El aprendizaje parece evidente, aunque no necesariamente es fácil de reproducir. Las empresas tienen que trabajar de forma consistente en modelar su cultura, dar forma a su identidad corporativa y otorgarle alma a la organización.  Sólo de esta forma se desarrollará la pasión en sus colaboradores, pasión que se transmitirá al cliente que premiará con su lealtad y su intensión de compra la oferta que le estamos haciendo.

El deporte es casi indescifrable y el triunfo a veces es esquivo. No sé si Boston será el campeón esta temporada. No sé si usted, apreciado lector, es de los Yankees de Nueva York o de los Cardenales de San Luis; pero ambos sabemos que los bravos de verdad, están en Boston.

 

 

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